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domingo, 14 de enero de 2018

Toda la música

Toda la música del mundo
me llegó al salir del hospital,
donde me operaron de la oreja.
Y mientras iba caminando,
escuché todas las notas
que salían como locas
de los autos de la gente
y los animales.

Toda la música del cielo
la escuché esa vez que yo le erré
y me bajé de un avión en pleno vuelo.
Y en lugar de estrellarme en el suelo,
yo ensuelé a las estrellas.

Toda la música del tiempo
acudió cuando el minutero de tu reloj
se detuvo en un do sostenido.
Toda la música de la sociedad
se me rebeló
cuando los políticos se callaron
y reinó el silencio.

Toda la música del piano
regresó cuando vos me diste
el número de tu afinador.

Así las cosas

Una simple y compleja batería de litio no podía ser suficiente para alimentar a una familia tipo durante un mes. Así que el tipo no la aceptó y fue a reclamar a la gerencia porque escribía su sueldo pero el gerente no estaba más ahí. Se había ido a una isla de manganeso.

Todo funciona muy bien. El smug está controlado. Las aves tienden a poner huevos esféricos. Los planes quinquenales se cumplen cuatrimestralmente. Se alcanza la velocidad prevista. La eficiencia es sorprendente. La pérdida de energía es mínima. La injusticia social está justo en los valores ajustados al necesario ajuste practicado de la justicia para ajustarla al funcionamiento general de los recursos humanos, y que no sea sólo un valor moral. La privaldeaticidad global de corte neoniveloliberal está amasando una enageneración de glóbulos emoglobales que pronto amanuencerán sin venderle nada a nadie, porque todo está tan mal pensado en el sentido, no de doble sentido sino de sentido único, mal pensado por defecto, no por exceso. Todo está tan mal soñado que al final el glóbulo se va a pinchar.

Con toda razón la gente está equivocada y hace muy bien en defender a rajatabla sus ridículas y estúpidas creencias. Aunque en realidad eso era antes. Ahora la gente adopta cada día las ridículas y estúpidas creencias que necesita para defenderse ella hoy, sin importar que mañana necesite otras porque también las va a tener en otro libro del mismo autor.

Se oyó por las parlantes del aeropuerto lleno de gente "Su atención por favor, pasajeros sin destino dirigirse a puerta número cuatro. Reitero, pasajeros sin destino, por favor dirigirse a gate four. " Y al que llegaba le preguntaban "¿Su destino, señor?". El decía "No tengo" y le contestaban "Ah, muy bien entonces pase por acá."

Hay paro de jubilados. Basta de inactividad. Todos se presentan en sus antiguos lugares de trabajo. No los quieren dejar entrar pero igual ellos les trabajan afuera, en las paredes, en las ventanas, en las rejas y en los techos. Un brontosaurio se presenta y vocifera "Yo aporté durante cientos de millones de años, no me pueden tratar así." Y de un coletazo revienta el cajero automático donde le acreditaron el fosil de lo que aportó.

Por súbita imantación de voluntades, surgió revolución. El pueblo unido revolucé. La policía y el ejercito esta vez no intervienen, están con la menstruación. Los potentados tampoco, están demasiado hastiados de todo como para oponerse y se dejan. Pero la resistencia viene de miles de millones de escribanos y abogados que no quieren porque si se cambian las leyes, ellos ¡Ufa! tendrían que volver a estudiar las nuevas y además las que hay para ellos son bella poesía, y además el papeleo es lindo y BASTA, NO TENEMOS POR QUE DAR EXPLICACIONES. NO HAY FIGURA JURÍDICA DE REVOLUCIÓN. ¡CHAU!

Nombraron un nuevo director para la NASA. Y él dispuso que por cualquier eventualidad para ponerlas a resguardo, se mandara otro voyager al espacio a la deriva con las obras conocidas de Juan Sebastian Bach. Y al tiempo bajó a la tierra un meteorito con una inscripción que decía "Gracias, pero ya las tenemos."

Si estuvieras

Si estuvieras conmigo
las cosas de golpe tendían un sesgo distinto
un peso específico que ahora no tienen
un jeito escondido que sólo reluce
con tu aparición.

Yo no digo que entienda un comino
de como funcionan las cosas
no tengo ni la más remota noción
pero por la costumbre de verlas ahí alrededor
me parecen normales y soy tan dormido
que ni me pregunto el por qué ni los cómo
me dejo llevar por la inercia mental
pero cuando de pronto irrumpís en mi vida
se vuelve rarísimo todo y me pierdo
cariño contigo en el punto de un signo
de interrogación.

Si estuvieras conmigo
este mundo sería estupendo
a no ser por los hijos de la que te dije
que no dejan casi lugar
a que nadie se sienta con pleno derecho
a cantar por louis armstrong
aquella canción sobre el beautiful mundo
que igual a través de tus ojos
se ve como un fiel documento
de lo que algún día será.

Si estuvieras conmigo
este rato como antes en otros
el tiempo se disolvería en si mismo
y nosotros podríamos irnos sin el
o quedarnos también suspendidos
y no por mal tiempo sino por ausencia de el
y volver a las cosas que nunca pasaron
recuerdo y revivo el instante que no sucedían
y olvido el futuro allá atrás.

Si estuvieras conmigo
este canto sería silencio
y el resto de las cosas tendrían
el brillo que da la partida
si los pensamientos vendrían vacíos
o llenos de nada
mientras imagino que vas a volver
me despojo de las oraciones
palabras o frases que opaquen quizás
el conjuro preciso, la fórmula justa
de tu invocación.

Alí baba y los 40 hombres honestos

Había una vez un guacho que se llamaba Alí Babá.
Vivía muy lejos de las mil y una noches y de Bagdad.
El día que fue a la escuela, estaban de paro y no pudo entrar.
Entonces se dijo "Bueno, quiere decir que en vez de estudiar,
me mandan a que decida por donde me quiero ir a chivear"

Entonces se fue sin rumbo por esas calles Alí Babá.
Algunos lo saludaban diciendo "Hola, ¿como te va?"
Y luego querían cobrarle impuesto al saludo, ¡qué decepción!
Algunos otros optaban más bien por no prestarle atención.
Estaban concentradísimos cada cual en su transacción.

Así fue pasando por diferentes barrios Alí Babá.
Y luego ya por parajes que estaba fuera de la ciudad.
Y desde atrás de una roca vio que venían como en malón,
Un grupo de unos cuarenta que se detuvo frente a un peñón.
Y que uno en imperativo dijo a las rocas esta oración:

"Ábrete ciboulette".

Entonces se abrió una puerta y entraron todos. Y Alí Babá,
También se metió con ellos porque tenía curiosidad.
Y vio con tanta extrañeza, tanta alegría y perplejidad,
Que en ese sitio escondido al margen de toda publicidad,
Reinaban como si nada, verdad, justicia y honestidad.
Reinaban como si nada, verdad, justicia y honestidad.

El bobo del pueblo

No se sabe si por tradición o misterios estadísticos, pero es lo común que cualquier pueblo tenga un bobo que anda suelto y que las personas de capacidades normales tratan afectuosamente (festejándole las gracias o siguiéndole la corriente cuando él finge –o juega a– ser, por ejemplo, almacenero, farmacéutico, cartero, cuidacoches, etc.). A veces también lo tratan mal, si el bobo justo viene a molestar cuando se está haciendo algo importante, o algo sin importancia pero que requiere mucha atención. De todos modos, el bobo a veces no se da cuenta de que lo trataron mal y se cree que lo trataron bien, o piensa en términos diferentes, o no piensa. En algunos pueblos es posible que no haya ningún bobo o que el bobo que hay esté tapado, por salir poco o por estar a la vista de todos pero haciendo algo que no deje en evidencia su condición. Pero en otros pueblos puede suceder que haya dos bobos, o incluso tres. En estos casos, a veces se da algún tipo de competencia o rivalidad entre los bobos, en aras de obtener cada uno una parte mayor del favor de la gente normal. Se podría pensar que en estos pueblos con tres bobos el desenvolvimiento de las actividades del resto de los habitantes podría verse entorpecido, pero esto no es así. En su esfuerzo por superar a los otros dos, cada bobo termina sirviendo muy bien a las necesidades comunales, que son las de la gente normal. Los bobos empiezan a desempeñar funciones creyendo que son empleados de tal o cual tendero, tallerista o repartición municipal, o que tienen un emprendimiento propio. Y cuando los bobos son cuatro, cinco, seis, o más, la cosa es todavía mejor. Y no es que se los haga trabajar por nada. Se les da algo, y en los casos de bobos que se necesita tener en cargos con apariencia de jerarquía o importancia, la remuneración llega a ser muy buena y el bobo que la recibe no llega a sospechar nada (además, se gasta su remuneración en las cosas que están previstas). En muchos pueblos se alentó la proliferación de bobos (ajustando el sistema educativo) y se logró un desarrollo sostenido que los convirtió en algunas de las ciudades más pujantes y populosas del mundo.

Azotea sur

Miro en las azoteas
de cara al sol de la mañana
roza su piel curtida tanto color.
Cuelga las camisetas,
su trapo viejo en la ventana
gatos desparramados en el balcón.
Vuelan pensamientos sobre el mar.
Buscan las cabezas despejadas.

Un barco se desplaza
hacia el horizonte para Egipto
camino al infinito no se ve más.
Un barco gigantesco,
un pedazo de la ciudad vieja
se aleja de la costa y rompe el mar.
Vientos que aun están y dan poca sal
almas esperando marejadas.

Calmas esperando sudestadas.

Romance de la orquesta y el caño de escape

La orquesta iba en ómnibus. Se llevaban el concierto que habían dado en la ciudad A, para ofrecerlo en la ciudad B. Unos días después irían a buscarlo para llevarlo a la ciudad C. La que tocaba según los casos tercer clarinete, clarinete bajo, o nada, había sacado la cabeza por la ventana y disfrutaba del viento, que le cambiaba la configuración del pelo. No había viento, en realidad, pero el movimiento del ómnibus a cierta velocidad hacía que hubiera igual. Ese ómnibus no tenía ventanas que se pudieran abrir, pero la clarinetista había usado el martillo rojo que estaba en el medio para casos de emergencia y había roto el vidrio y por ahí asomaba la cabeza. Estaba podrida de su trabajo. Como la mayor parte de sus compañeros de orquesta, odiaba la música y su mayor deseo era poder dejar ese trabajo y no dedicarse a nada. La rotura del vidrio y el hecho de sacar la cabeza por la ventana, eran un medio simbólico que ella había encontrado para expresar su deseo de abandonar todo. Un fagotista que estaba sentado a su lado también sacó la cabeza para que la rotura del vidrio había dejado suficiente espacio. Pero mientras la clarinetista miraba hacia el cielo lejano, el fagotista miraba hacia abajo. Él también estaba podrido de la orquesta y de tener que estudiar pasajes difíciles sin saber leer música cabalmente. Pues en verdad, sólo estaba familiarizado con ciertas combinaciones habituales de figuras. Pero cuando se encontraba con secuencias distintas, tocaba solamente alguna aproximación. Y las tocaba a bajo volumen, tratado de ocultarse tras la sonoridad de los otros instrumentos. Pero cuando era un pasaje donde no había nada detrás de lo que ocultarse, le daban ganas de largar todo. Y como su temperamento era más autodestructivo que el de la clarinetista, miraba para abajo, expresando su deseo simbólico de morir bajo las ruedas del ómnibus. "¿Qué estás mirando?" preguntó la clarinetista, expectante ante la posibilidad de que él hubiera encontrado una salida. "Nada, nada" dijo él, ocultando su fantasía suicida. "¿Qué es eso?" preguntó ella, señalando algo que asomaba en una parte del borde de la carrocería. "No sé, parece un caño de escape" dijo él. "Un caño de escape, es mi oportunidad de escapar" pensó ella. Y se lanzó entera por la ventana intentando alcanzar el caño. El fagotista vio como ella tenía éxito en su empresa, siendo succionada por el caño y desapareciendo en su interior. Pese al ruido del motor y del viento, el fagotista llegó a oír pocos segundos después una especie de eructo aclarinetado, que era la forma elegida por el caño para expresar su satisfacción por la ingesta realizada. Algunos de los otros músicos se acercaron a curiosear y la noticia cundió por el resto del ómnibus. Con gran júbilo, todas las secciones de la orquesta se fueron yendo por el caño de escape. Pero el fagotista no se animó a saltar. No sabía si ese caño de escape conducía a la felicidad o a una muerte súbita. Pero su temperamento era más como para una muerte paulatina. Se fue a sentar al lado del chofer y mirando las nubes que se aglutinaban en el horizonte, le dijo "Qué tiempo loco ¿no?"